martes, 6 de noviembre de 2007

Cuando los hinchas nos hinchan

Fieles lectores

En la primera entrada de esta ventana abierta a la ofensa indiqué que sólo me iba a atener a dos reglas:

1.- Ofender sin medida...
2.- ...razonando en todo momento los motivos de mi inquina correspondiente

Así mismo expuse claramente:

"A todos los que deseen colaborar, les ruego se atengan a estas mismas reglas. Sobre todo si la causa de su animadversión es mi propia persona."

Pues bien, hace unos días, un cateto ha escrito un comentario en otra entrada ignorando mi ruego, faltándome al respeto sin razonar ningún porqué. La verdad es que, el comentario en sí, me la infla. Pero le reconozco un mérito: me ha dado una idea sobre la cuál escribir éste, mi actual escarnio. El tema no es otro que... el fútbol y sus amantes.

Queden ustedes tranquilos, volveré sobre los temas escogidos en la encuesta, pero no podía dejar pasar la ocasión de enlazar el comentario del cateto con un aspecto de la sociedad que me repugna sobremanera. También sé que muchos de ustedes, lectores y amantes de la ofensa, no comparten mis ideas. De la misma forma que le sucede al cateto con mi opinión sobre las locas, me consta que entre ustedes hay seguidores de diversos clubes de fútbol y que no estarán de acuerdo con el siguiente axioma: el fútbol es de paletos.

Procedamos por partes...

El fútbol, en sí, no deja de ser un deporte más. Un juego. Una forma de distraerse y de cultivar el cuerpo, de curarse en salud. Eso no lo discutiré. Ahora, que una horda de energúmenos supediten su estado de ánimo a la victoria o derrota de "su" equipo y que, incluso, estén dispuestos a jugarse la vida vistiendo "sus" colores en el campo de juego enemigo... eso no lo puedo entender.

He tenido esta conversación con buenos amigos míos, que me han intentado hacer comprender que la pasión que sienten por "sus" equipos parte del sentimiento de pertenencia al grupo, un gregario proceder similar al que se puede sentir como ciudadano amante de su nación, como afiliado a un partido político, como integrante de una tribu. Estos amigos consideran el fútbol como la moderna vía de escape a la brutal naturaleza violenta del ser humano (en especial del macho). De la misma forma que en la Antigüedad existían las luchas de gladiadores, los torneos o los duelos a muerte, nuestra progresiva desanimalización ha desembocado en los clubes de fútbol: es decir, que somos los mismos perros con distintos collares.

Todo esto me resulta difícil de digerir.

La pasión por un equipo de fútbol no puede compararse al patriotismo. Es cierto que en ambos casos existen símbolos y banderas pero no significan lo mismo. La bandera y el escudo de una nación están íntimamente asociados a la Historia y cultura de todos los nacidos bajo su amparo. No es el hecho de nacer en un sitio concreto, sino la interrelación entre el espacio físico y el Tiempo lo que dotan de significado a los símbolos. En un equipo de fútbol... existe la Historia (corta), también existe un espacio físico (el estadio local)... pero es difícil enlazar estos conceptos con una bandera o con unos colores. Un equipo de fútbol, por definición, no tiene cultura propia puesto que no es su razón de ser. Cuando uno ama a su país, lo que ama no es su bandera, sino lo que ella representa: esa Historia, esa cultura común... ¿qué representa la bandera de un equipo?

La afición por un equipo difícilmente puede comprenderse como ideología, pues un club de fútbol carece de ella. Por lo tanto... ¿qué es lo que hace que tanta gente sienta esa querencia irracional que en casos llega a derramar lágrimas y sudor? La estrategia que sigue un equipo cambia con el entrenador. Su capacidad de juego, cambia con los deportistas titulares. A veces, incluso, un jugador que una temporada es venerado por la afición del equipo en el que juega, a la temporada siguiente, se ve demonizado por los mismos individuos, al firmar un contrato más jugoso por un conjunto enemigo. Y se le acusa de traidor. Pero... ¿no estamos hablando de fútbol profesional? Y... ¿no aceptaríamos todos mejoras salariales en nuestras profesiones? Máxime si se trata de hacer exactamente lo mismo pero en otra empresa.

¿Fue Gordillo peor jugador cuando abandonó al Betis de su vida por jugar en el Real Madrid? ¿y Luis Enrique, que cometió la atrocidad de abandonar el equipo blanco por el azulgrana? ¿y Figo?

No, que no me lo trago. Si alguien asevera "a mí me gusta el fútbol: soy del Osasuna", no me lo trago. Tú serás un PALETO que se siente atraído (por historia familiar, porque te gustan los colores o porque te lo exige tu novia) por el Osasuna. Porque ésa es otra... "no, yo soy del Depor, y después, del Barça". ¿Cómo se come eso? Si realmente hubiera gente a la que le gustara el fútbol, no "serían" de ningún equipo. Porque... si lo que gusta es el fútbol ¿qué más da quién juegue?

Conozco memos que dicen "yo soy del Atleti, que es el equipo de los pobres. El Real Madrid es para los ricos". Manda cojones. De la misma manera que manda cojones que el segundo equipo de Barcelona se llame Español (o Espanyol, como gusten de llamarlo), ahora que hay tanto meapilas por allí. Supongo que en breve Carod exigirá el cambio de nombre: Real Club Sportiú Catalá. Y punto pelota, pelota Tango España.

Sí, amigos, sí. Tanto me jode que se llenen las calles de maricas como que se llenen de paletos. Y no puedo resistirme a terminar esta entrada uniendo mis dos "pasiones": Sabina y el fútbol.

Aquí me pongo a contar
motivos de un sentimiento
que no se puede explicar.
Y eso que no doy el tipo
del hincha que rompe piernas
por defender a su equipo.
Para entender lo que pasa
hay que haber llorado dentro
del Calderón, que es mi casa.
o del Metropolitano,
donde lloraba mi abuelo
con mi papá de la mano.
Por una vez Sabina y yo estamos de acuerdo: el sentimiento rojiblanco no se puede explicar. Y si un sentimiento no se puede explicar (y me viene con la mandanga del lloro) una de dos, o estamos ante un enamorado, o ante un gilipollas.
Y esta frase resume todo:
No me preguntes por qué
los colores rojiblancos
van con mi forma de ser.
La forma de ser de Sabina pega con lo rojiblanco. No le insultaré hoy. No más.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ineteresante artículo. Estoy convencido que eres un puto vikingo.

Anónimo dijo...

Por cierto, estoy totalmente de acuerdo y comparto la opinión de esos buenos amigos que tienes y que identifican el fútbol con lo gregario, la tribu y las luchas a muerte de la antigüedad

Anónimo dijo...

Me parto el nacle...
al igual que la iglesia maradoniana quiero fundar el templo de San Calle, era un menda de mi clase en EGB que jugaba al fútbol que te cagas,eso sí, cuando el patio era de arena.
Qué pena...
Gracias Ofensor!!!!