jueves, 8 de noviembre de 2007

El femin-istmo

Porque ustedes lo solicitaron hoy voy a hablar del fenómeno del feminismo. No, no he cometido un error al escribir el título de la entrada. Resulta que, desde mi punto de vista, el feminismo es como el trozo de tierra que une el país del lesbianismo con el del puterío. Me explico:

En sus orígenes, el feminismo fue un movimiento principalmente participado por dos tipos de mujeres, ambos en pos de la igualdad:

1.- El tipo de mujer tan casquivana que quiso justificar su proceder asemejándolo al de los machos de su especie
2.- El tipo de mujer que, de facto, se siente hombre

Un claro ejemplo de ambas cosas es el que encontramos en la figura de Mary Wollstonecraft, escritora británica del siglo XVIII, madre de Mary Shelley (la autora de Frankenstein) y considerada por muchos y muchas y muches como madre del feminismo. No hay más que repasar su vida para percatarse de que la chicuela, desde joven, le daba a pelo y a pluma... pero además que mucho.

Lo que más curioso me resulta del tema es que las reivindicaciones que hacían estas primeras feministas no eran exageradas. Al fin y al cabo, únicamente reclamaban para su sexo la IGUALDAD: derecho al voto, a poder formar parte del ejército o a dedicar su vida a la política, a tener propiedades, a la igualdad fiscal, a la educación, a poder hablar en público de ciertos temas... o sea, derechos que, en la sociedad en la que vivimos, nos parecen naturales y que en aquel entonces no lo eran. Pues bien... lo consiguieron (gracias al Altísimo) y en el mundo Occidental, hoy por hoy, todos esos derechos nos parecen de cajón y no sólo disfrutables por cojones. ¡Un aplauso por ellas!

Peeeero... consiguieron algo más (dudo que lo hicieran a sabiendas). Consiguieron que, a los dos grupos de mujeres que iniciaron el movimiento, se les uniera un tercer grupo:

3.- El de los/las/les GILIPOLLAS

Y sí, queridos lectores, es este tercer grupo al que dirijo mi entrada de hoy. Tras la exitosa aunque sufrida, larga, dolorosa, no carente de derramamientos de sangre y exigente consecución de los primeros objetivos de las feministas originales, hubo un sector de la sociedad que quiso llegar aún más allá. Y empezó a desviarse de la primigenia reclamación de IGUALDAD para tratar de convencernos de la SUPERIORIDAD de las mujeres con respecto a los hombres.

Absolutamente ningún/a/e feministo/a/e al que consulte cualquiera de ustedes, le confesará que lo que se persigue es esa superioridad, pero de facto, es su primera y última aspiración, aunque se esfuercen en disfrazarlo de la justa reivindicación de aquella igualdad (que por cierto, ya está conseguida). ¿Cómo si no se puede entender que las asociaciones feministas aplaudan constantemente el oximorónico concepto de "discriminación positiva"? O que se congratularan por la aprobación de aquella absurda Ley de Paridad. ¿Ésa es la igualdad que persiguen? Y una mierda igualdad...

El problema es que el grupo social de los/las/les gilipollas es muy diverso y muy influyente. Y, como ha sucedido en el caso de las locas, están consiguiendo que ciertas actitudes se vean como normales, cuando de todo punto son un abuso.

Se ve clarísimo que, en caso de divorcio, la custodia se transfiera únicamente a la madre y que, independientemente de los ingresos de ésta, el ex-marido sea el que, en concepto de manutención, pague, pague y pague.

Es también socialmente aceptable, e incluso necesario, el tener que complicar innecesariamente nuestra expresión oral y escrita en aras de una posible evitación de ofensa (aplíquese el célebre adagio latino: "quien se pica, ajos come"). Como en esta bitácora de lo que se trata es precisamente de lo contrario, que conste que si añado aes, oes y és a ciertas palabras, lo hago a modo de burla, pues me cago en lo políticamente correcto.

Y hay más... seguro que usted, aguerrido y experimentado lector, tendrá sus experiencias propias en este campo. Si en algún momento se ha visto forzado a hacer algo absurdo o incluso se ha visto humillado por causas con origen en estas absurdas tesis, no tema: no está solo ni está enfermo. Simplemente es usted otra víctima más de esta sociedad tan influenciable e influenciada por el cada vez más amplio sector de los gilipollas.

Yo mismo, al escribir las dos últimas palabras del párrafo anterior, me he sentido tentado de incluir un par de arrobas: esos simbolitos tan cibernéticos y molones que los cursis gustan de utilizar para superponer la a y la o. Soberana soplapollez que, además de arruinar nuestra grafía, es muy popular entre l@s amantes de los políticamente correcto: de nuevo... los gilipollas.

Un argumento muy manido de est@s feminist@s gilipollas de ya no tan nuevo cuño es el de la opresión histórica del macho, el denominado Patriarcado. Y no digo yo que no tuviera razón de ser. Entender el feminismo como resultado de la aplicación de la tercera Ley de Newton (acción y reacción, para los de la L.O.G.S.E.) a la Historia de la Humanidad nos puede indicar que, si ha habido una predominancia machista... tenemos lo que nos merecemos. Pero desde este humilde rincón de la Red, me gustaría abogar por la ética aristotélica y buscar la virtud en el término medio.

Yo, por tocar los cojones y los ovarios, me voy a limitar sólo a constatar un hecho histórico tan irrefutable como el Patriarcado: desde que existe el sufragio universal en Occidente, hemos sufrido dos guerras mundiales.

Suele coincidir, además, que est@s gilipoll@s simpatizan con movimientos de alianzas de civilizaciones y demás gaitas; nos inflan las pelotas con la tolerancia, nuestros amigos orientales, los pobres palestinos, los no a la guerra de Irak, etc, etc. Y hoy mismo se publica en el periódico esta curiosa lección de un clérigo saudí. ¿Qué opinaran l@s gilipoll@s de sus amigos morunos? Pa mear y no echar gota...

Para acabar de ofender con hechos, propongo reflexionar sobre la constatación de que el término "feminismo" es MASCULINO. Me extraña que no haya habido ya ningún/a/e gilipollas que exija (que es un verbo muy utilizado por los tolerantes, ya hablaremos de ello) el cambio de género para la palabrita... Sabina, hoy me siento generoso y, en vez de meterme contigo, ahí te dejo una idea para que compongas alguno de tus temazos.

martes, 6 de noviembre de 2007

Cuando los hinchas nos hinchan

Fieles lectores

En la primera entrada de esta ventana abierta a la ofensa indiqué que sólo me iba a atener a dos reglas:

1.- Ofender sin medida...
2.- ...razonando en todo momento los motivos de mi inquina correspondiente

Así mismo expuse claramente:

"A todos los que deseen colaborar, les ruego se atengan a estas mismas reglas. Sobre todo si la causa de su animadversión es mi propia persona."

Pues bien, hace unos días, un cateto ha escrito un comentario en otra entrada ignorando mi ruego, faltándome al respeto sin razonar ningún porqué. La verdad es que, el comentario en sí, me la infla. Pero le reconozco un mérito: me ha dado una idea sobre la cuál escribir éste, mi actual escarnio. El tema no es otro que... el fútbol y sus amantes.

Queden ustedes tranquilos, volveré sobre los temas escogidos en la encuesta, pero no podía dejar pasar la ocasión de enlazar el comentario del cateto con un aspecto de la sociedad que me repugna sobremanera. También sé que muchos de ustedes, lectores y amantes de la ofensa, no comparten mis ideas. De la misma forma que le sucede al cateto con mi opinión sobre las locas, me consta que entre ustedes hay seguidores de diversos clubes de fútbol y que no estarán de acuerdo con el siguiente axioma: el fútbol es de paletos.

Procedamos por partes...

El fútbol, en sí, no deja de ser un deporte más. Un juego. Una forma de distraerse y de cultivar el cuerpo, de curarse en salud. Eso no lo discutiré. Ahora, que una horda de energúmenos supediten su estado de ánimo a la victoria o derrota de "su" equipo y que, incluso, estén dispuestos a jugarse la vida vistiendo "sus" colores en el campo de juego enemigo... eso no lo puedo entender.

He tenido esta conversación con buenos amigos míos, que me han intentado hacer comprender que la pasión que sienten por "sus" equipos parte del sentimiento de pertenencia al grupo, un gregario proceder similar al que se puede sentir como ciudadano amante de su nación, como afiliado a un partido político, como integrante de una tribu. Estos amigos consideran el fútbol como la moderna vía de escape a la brutal naturaleza violenta del ser humano (en especial del macho). De la misma forma que en la Antigüedad existían las luchas de gladiadores, los torneos o los duelos a muerte, nuestra progresiva desanimalización ha desembocado en los clubes de fútbol: es decir, que somos los mismos perros con distintos collares.

Todo esto me resulta difícil de digerir.

La pasión por un equipo de fútbol no puede compararse al patriotismo. Es cierto que en ambos casos existen símbolos y banderas pero no significan lo mismo. La bandera y el escudo de una nación están íntimamente asociados a la Historia y cultura de todos los nacidos bajo su amparo. No es el hecho de nacer en un sitio concreto, sino la interrelación entre el espacio físico y el Tiempo lo que dotan de significado a los símbolos. En un equipo de fútbol... existe la Historia (corta), también existe un espacio físico (el estadio local)... pero es difícil enlazar estos conceptos con una bandera o con unos colores. Un equipo de fútbol, por definición, no tiene cultura propia puesto que no es su razón de ser. Cuando uno ama a su país, lo que ama no es su bandera, sino lo que ella representa: esa Historia, esa cultura común... ¿qué representa la bandera de un equipo?

La afición por un equipo difícilmente puede comprenderse como ideología, pues un club de fútbol carece de ella. Por lo tanto... ¿qué es lo que hace que tanta gente sienta esa querencia irracional que en casos llega a derramar lágrimas y sudor? La estrategia que sigue un equipo cambia con el entrenador. Su capacidad de juego, cambia con los deportistas titulares. A veces, incluso, un jugador que una temporada es venerado por la afición del equipo en el que juega, a la temporada siguiente, se ve demonizado por los mismos individuos, al firmar un contrato más jugoso por un conjunto enemigo. Y se le acusa de traidor. Pero... ¿no estamos hablando de fútbol profesional? Y... ¿no aceptaríamos todos mejoras salariales en nuestras profesiones? Máxime si se trata de hacer exactamente lo mismo pero en otra empresa.

¿Fue Gordillo peor jugador cuando abandonó al Betis de su vida por jugar en el Real Madrid? ¿y Luis Enrique, que cometió la atrocidad de abandonar el equipo blanco por el azulgrana? ¿y Figo?

No, que no me lo trago. Si alguien asevera "a mí me gusta el fútbol: soy del Osasuna", no me lo trago. Tú serás un PALETO que se siente atraído (por historia familiar, porque te gustan los colores o porque te lo exige tu novia) por el Osasuna. Porque ésa es otra... "no, yo soy del Depor, y después, del Barça". ¿Cómo se come eso? Si realmente hubiera gente a la que le gustara el fútbol, no "serían" de ningún equipo. Porque... si lo que gusta es el fútbol ¿qué más da quién juegue?

Conozco memos que dicen "yo soy del Atleti, que es el equipo de los pobres. El Real Madrid es para los ricos". Manda cojones. De la misma manera que manda cojones que el segundo equipo de Barcelona se llame Español (o Espanyol, como gusten de llamarlo), ahora que hay tanto meapilas por allí. Supongo que en breve Carod exigirá el cambio de nombre: Real Club Sportiú Catalá. Y punto pelota, pelota Tango España.

Sí, amigos, sí. Tanto me jode que se llenen las calles de maricas como que se llenen de paletos. Y no puedo resistirme a terminar esta entrada uniendo mis dos "pasiones": Sabina y el fútbol.

Aquí me pongo a contar
motivos de un sentimiento
que no se puede explicar.
Y eso que no doy el tipo
del hincha que rompe piernas
por defender a su equipo.
Para entender lo que pasa
hay que haber llorado dentro
del Calderón, que es mi casa.
o del Metropolitano,
donde lloraba mi abuelo
con mi papá de la mano.
Por una vez Sabina y yo estamos de acuerdo: el sentimiento rojiblanco no se puede explicar. Y si un sentimiento no se puede explicar (y me viene con la mandanga del lloro) una de dos, o estamos ante un enamorado, o ante un gilipollas.
Y esta frase resume todo:
No me preguntes por qué
los colores rojiblancos
van con mi forma de ser.
La forma de ser de Sabina pega con lo rojiblanco. No le insultaré hoy. No más.