lunes, 1 de octubre de 2007

Para empezar a ofender

Queridos todos

Permítanme, antes de nada, que emule (no confundir con ese famoso software de backups) a mi querido amigo elboni y comience sentando cátedra sobre algo que me es totalmente desconocido.



Corría el año 1981, cuando las Cortes Generales, un 6 de abril (el único 6 de abril que hubo de tener el citado año) aprobaron la Ley Orgánica 3/1981. Esta Ley, desarrollada posteriormente según algún Reglamento (digo yo, que no entiendo de esto), era la que todo español de bien estaba esperando desde que un 6 de diciembre de 1978 (fíjate tú, otra fecha única también para este otro año) se ratificara por mayoría la Constitución vigente. En esta última, en su artículo 54, se especificaba "Una ley orgánica regulará la institución del Defensor del Pueblo, como alto comisionado de las Cortes Generales, designado por éstas para la defensa de los derechos comprendidos en este Título, a cuyo efecto podrá supervisar la actividad de la Administración, dando cuenta a las Cortes Generales."



Yo, que en el año 1978 apenas sabía leer pero que ya era muy avispado, podía percibir la tensión que generó el susodicho artículo 54. "¿Qué será eso?", se preguntaba la sociedad española. "¿Algún tipo de superhéroe?", se oía comentar a las gentes del lugar... Pero las cosas de palacio siempre han ido despacio, y llegó el año 1981 y ni Ley Orgánica que describiera la novedosa institución, ni nada. Y claro, al Ejército y a la Guardia Civil siempre les ha sentado muy mal que les tomen el pelo (les animo a probarlo: sitúense cara a cara a un Guardia Civil y sáquenle la lengua mientras colocan su pulgar sobre la punta de la nariz y hacen como que están tocando la trompeta). Bueno, a lo que vamos, que era ya 1981 y ni Ley Orgánica ni nada. Total, que se lió la gorda... o casi.



Fue por eso que la reacción de las Cortes Generales no se hizo esperar: el 6 de abril se aprobó la Ley y el 7 de Mayo se publicó en el B.O.E., lo que nos ha garantizado unos cuantos años de paz y prosperidad.



El caso es que la sociedad española, que tanto había demandado la creación de esta Institución, ya podía disfrutar de ella. Y en eso estamos...



¿Y qué tiene que ver esto con esta bitácora? Dejen que les explique...



Se supone que entre las competencias del Defensor del Pueblo, se encuentra la de interponer recursos de inconstitucionalidad y amparo. No me lo invento yo, lo dice aquí.



Muy bien y... ¿qué tiene que ver esto con esta bitácora?



Seguramente nada, puesto que el que firma estas líneas no tiene ni la más remota idea de lo que es un recurso de inconstitucionalidad y amparo. Pero hay una cosa que sí que sé: me encanta ofender, faltar al respeto, insultar, vejar, escarnecer, vilipendiar, denostar y zaherir a todos, a todas y a todes aquellos, aquellas y aquelles que a mi juicio lo merezcan.



Y de eso se trata. Espero, deseo y ansío, que este humilde rincón de la red global pronto se convierta en la Cátedra del Faltismo. Sólo obedeceré a dos reglas:



1.- Ofenderé sin medida...

2.- ...razonando en todo momento los motivos de mi inquina correspondiente



A todos los que deseen colaborar, les ruego se atengan a estas mismas reglas. Sobre todo si la causa de su animadversión es mi propia persona.



Un saludo y sean todos bienvenidos y bienfaltados.



Por cierto, hoy no ofenderé a Joaquín Sabina.

2 comentarios:

elboni dijo...

Me encanta el diseño de tu blog; muy serio y formal, como tú. Me parece una muy buena idea lo de ofender y faltar, no se me había ocurrido hacerlo nunca. Espero que ésta sea la gran casa de la ofensa igual que mi blog ya es reconocido como el hogar el opinador sin conocimiento
http://elgallinejo.blogspot.com/

amiguete dijo...

que bien lo vamos a pasar tambien en este blog, con lo que mola faltar y pasarse con la banda